Cada vez que la policía ingresa a una escuela se produce una herida institucional.
Es urgente construir una lectura que no reduzca estos emergentes a hechos aislados ni a conductas individuales a sancionar. Lo que aparece en la escena escolar condensa procesos sociales más amplios: el avance de discursos de odio, la fragmentación de los lazos comunitarios, el debilitamiento de referencias adultas, la precarización de las condiciones de vida y la saturación de la información. En este contexto, las redes sociales amplifican conflictos, exponen a los adolescentes y aceleran la circulación de violencias.
Pierden las infancias y adolescencias, pierden lo/as docentes y el conjunto de la comunidad. El ingreso de la policía sin mediar estrategias previas y como única respuesta marca la impotencia ante un problema complejo.
No se trata de negar la gravedad de los hechos ni de eludir la responsabilidad, sino de advertir que la lógica punitiva y judicial, cuando se vuelve la respuesta privilegiada, obtura la posibilidad de construir abordajes integrales, situados y sostenidos en el tiempo.
Más que respuestas cerradas, necesitamos abrir preguntas:
¿Cómo leemos lo que está sucediendo? ¿Con qué herramientas simbólicas, institucionales y comunitarias contamos para intervenir? ¿Qué cuidados están necesitando hoy las infancias y adolescencias? ¿Qué nos dicen estos emergentes sobre el malestar que atraviesa a nuestras comunidades?
Los episodios recientes no pueden ser leídos únicamente como amenazas a sancionar, sino como expresiones de un malestar que requiere ser alojado, escuchado y trabajado colectivamente. En este sentido, se vuelve imprescindible generar espacios compartidos entre adultos —docentes, equipos socioeducativos, familias e instituciones del territorio— que permitan construir sentidos comunes y renovar compromisos.
Espacios donde podamos, también, “hacernos promesas”. Las y los adultos tenemos la responsabilidad de reponer el valor del acto educativo. Esto implica no sólo transmitir contenidos, sino también habilitar condiciones para que las y los adolescentes puedan inscribirse en proyectos deseantes, encontrar referencias, construir pertenencia. Filiarlos a tramas que los reconozcan como sujetos con potencia, no como portadores de riesgo.
Cuando en las resoluciones media la vía punitiva, se pierde el sentido de la práctica pedagógica. Estas situaciones llevan al desgaste, a la pérdida del sentido del trabajo para el cual fuimos formados.
En contraposición a la lógica del aislamiento y la estigmatización, es necesario potenciar las grupalidades solidarias. La escuela puede —y debe— ser un espacio donde se produzcan otras coordenadas, diferentes a las que imponen los discursos de odio y la violencia social. Un lugar donde el lazo con otros sea una posibilidad y no una amenaza.
Ante la crueldad y el avance del punitivismo, sostenemos que la escuela es, ante todo, un espacio de alojamiento. Un lugar de abrigo simbólico y material donde la pregunta “¿qué te pasa?”, “¿cómo estás?”, “¿necesitás algo?” no sea excepcional sino constitutiva del vínculo pedagógico.
En esta línea, resulta fundamental fortalecer las instancias colectivas de trabajo: las ruedas institucionales, los equipos interdisciplinarios, las redes con otras organizaciones del territorio. Nadie puede abordar estas situaciones en soledad.
Construir responsabilidad implica generar condiciones para que las y los adolescentes puedan hacerse cargo de sus actos en marcos que los reconozcan como sujetos de derecho, no como enemigos a neutralizar.
Frente a escenarios de creciente complejidad, la respuesta no puede ser más castigo, sino más comunidad. Más escuela. Más Estado presente desde el cuidado y la protección.
“Porque la ternura no es debilidad,
es la fuerza de quienes saben tocar el mundo
con respeto, con amor, con presencia.
Quien cuida, quien escucha, quien acoge,
construye la vida que queremos habitar.”
“El elogio de la ternura” de Gioconda Belli (adaptación)
Materiales para trabajar junto a estudiantes, profesores, tutores, preceptores.
Recursero de la Protección Integral ante el abordaje de situaciones complejas.