Invitamos a maestras y profesoras a conocer nuestra biblioteca, entendiendo que la lucha de un sindicato docente implica también la inevitable formación para enseñar la libertad, la crítica y el cuestionamiento. La perseverancia en el estudio que Rosita nos enseñó, está presente en sus libros y en su amoroso gesto final.
Un autor de nuestro país señala que, en la Argentina del miedo, una biblioteca entera fue desaparecida. Una biblioteca formada por todos los libros quemados y enterrados. Libros nunca más leídos debido al terror. Una biblioteca perdida en la dictadura que debiera necesariamente volver a ser leída, hojeada, desenterrada.
Los libros que constituyen nuestra Biblioteca “Rosita Ziperovich”, son parte de esa enorme biblioteca. Rosita, sabia en sus gestos, legó para todos nosotros los textos que la acompañaron durante su vida. Ponernos en contacto con ellos, entablando con sus páginas un diálogo de pensamiento, razón y afecto, es hacerlos renacer.
Invitamos a nuestros compañeros a vivir la Biblioteca del Sindicato. Llamamos a recorrer sus estantes de libros nuevos y antiguos, descubriendo la voz de Rosita en cada pequeña anotación al costado de las letras.
Sobre Rosita Ziperovich Hace diez años, Rosita nos dejaba. Cada uno de estos días que han pasado la hemos recordado por su presencia inagotable, por su modo sensible de mirar la vida escolar, por la ética de su lucha y la belleza del camino que anduvo. Por su coherencia entre el hacer y el pensar.
Al final de sus años combinaba ese saber que había logrado en su andar por aulas y por luchas docentes , con el sabor de la experiencia madura. Se volvió sabia sin creérsela nunca, dueña de un humor y un buen trato que la hacían deseable como compañera, interesante en la charla, excelente docente.
Se volvió sabia de vivir tanta experiencia compartida. De andar por pueblos en asambleas docentes y por salones en tantos cursos difundiendo conocimiento acerca de la matemática moderna.
“Culo y cabeza” era su lema: cabeza para pensar, y culo para sentarse en la silla a leer y producir. Esforzada y sabia. No fue solo una lúcida exponente de las novedades educativas sino una luchadora conciente de la importancia de la participación sindical y política.
Rosita fue una mujer de su tiempo. Impulsora de la escuela nueva, hacedora de un sindicato docente, cesanteada en los año 30, en los 50, y en el perverso año 76 estas marcas no eran para ella señal de vergüenza sino de orgullo, en esa trayectoria intachable de ciudadana coherente y recta.
La vida la llevó a anotarse en el año 85 en la escuela de ciencias de la educación como alumna. Fue rescatada de la cola de inscripción por Ovide Menim, y ubicada en el lugar de docente que le correspondía por mérito propio. Fue nombrada Ciudadana ilustre de Rosario. Pero para nosotros, es más que nada una maestra pueblo, amorosamente comprometida con la causa de la escuela pública.
Rosita se nos fue pero nos dejó mucho para descifrar: una hermosa escuela llena de chicos aprendiendo y jugando, una biblioteca con sus libros más queridos en el sindicato docente y el recuerdo vivo, hermoso, conmovido de los miles de maestros que queremos tomar sus banderas y avanzar por el mismo camino que ella supo andar con tanta dignidad, defendiendo la escuela pública, gratuita obligatoria y laica.